Lunes , Febrero 18 de 2008
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Termómetro político
El nuevo día

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La guerra por los estatutos autonómicos se acentúa. El Gobierno apela a la amenaza para frenar el Referéndum, mientras se agotan los argumentos legales contra el proceso que avanza con mayor celeridad en Santa Cruz, pero que también da sus propios pasos en otras regiones.

La madre de todas las batallas. Hoy, el termómetro –de modo excepcional– no medirá la temperatura de varios hechos políticos, medirá la temperatura de “la madre de todas las batallas”: la batalla por el estatuto. Así lo haremos, porque esta semana que termina y la que comienza, es el tiempo inicial de esa batalla.

Qué significa “ganar” para los autonomistas. En general, los autonomistas tienen las de ganar en la batalla por el estatuto, pero no tienen el mundo asegurado. El 5 de mayo, los autonomistas podrían celebrar una victoria electoral, pero no una victoria política. Para los autonomistas, ganar esta batalla en el plano del poder –en el plano político– significa fundar la Bolivia alternativa, frente a la Bolivia del MAS. Es decir, significa fundar un proyecto de poder tan potente como el del MAS.

Qué significa “ganar” para el MAS. La batalla del estatuto es muy difícil para el MAS. Lo es, por dos razones. Porque la autonomía y el estatuto son extraordinariamente populares en Santa Cruz. Y porque Santa Cruz, su potencial y sus aliados no son una región, son la mitad del país. Por eso, para el MAS, ganar significa frenar el estatuto. O por lo menos, disminuir su fuerza. El MAS buscará que no haya referendo y si lo hay, que la victoria del SÍ, no signifique una herida fatal para el proyecto de poder del MAS.

La batalla por los estatutos tiene y tendrÁ tres frentes:

1. El frente legal. El MAS anunció juicios contra el prefecto de Santa Cruz y contra la Corte Departamental Electoral. Pero hacer esos procesos es muy difícil. Lo es, por la dificultad política (¿qué fiscal o juez querrá meterse a una batalla entre titanes?); lo es por la dificultad jurídica (ambas partes tienen sólidos argumentos de ley); y lo es por la dificultad moral (éticamente es incómodo enjuiciar a unos tipos por impulsar el voto y la autonomía de sus pueblos). El gobierno puede iniciar los juicios aunque queden congelados. Ya que un proceso no deja de ser molesto; los cargos pasan y los juicios quedan. O puede enjuiciar a los autonomistas de segundo nivel y “bajar la moral del equipo”. Sin embargo, cualquier proceso puede lanzar al estrellato al enjuiciado y su causa. Y más aún, si el procesado no es de segundo nivel, sino muy popular. Como Costas o Marinkovic. Los riesgos que el gobierno corre al impulsar juicios contra los autonomistas son dos: dividir el sistema judicial y confrontar el sistema judicial con la gente; podríamos tener miles y miles de ciudadanos haciendo cola en la Fiscalía para declararse culpables en solidaridad con los procesados. En suma, el gobierno está casi imposibilitado de frenar el estatuto por la vía legal. El frente legal es un frente que el MAS perderá.

2. El frente de la opinión pública. Esta es la batalla donde el gobierno descargará toda su fuerza. Y puede hacer un daño terrible a la imagen de Santa Cruz y de la autonomía. En un referendo por los estatutos, a los estrategas del MAS, no les queda más remedio que hacer campaña “en contra”. Campaña negra. Por vez primera en mucho tiempo, el MAS no tiene dos cosas en una campaña: no tiene la mejor propuesta ante el electorado y no tiene enemigo impopular. El MAS ya lanzó sus primeros ataques: “los estatutos son ilegales y dividirán Bolivia”. Es una crítica muy fuerte. Más aún, si pasa de las declaraciones a los spots. Pero el MAS sabe que es imposible la derrota del SÍ. Por eso, buscará que esa sea una victoria pírrica. Una victoria tan costosa, que en realidad, sea una derrota. Y sería un error muy grave de los autonomistas, creer que la cosa es fácil por el hecho de que aritméticamente tienen los votos asegurados. Más allá de la segura victoria electoral de los autonomistas, es probable que el gobierno gane la batalla mediática. Es decir, que logre estigmatizar por mucho tiempo a Santa Cruz, ante el país, el mundo y ante muchísimos cruceños.

3. El frente del poder. Esta batalla tiene dos posibles escenarios: las instituciones y la calle. Las instituciones. Por ejemplo, el Parlamento. Podríamos ver un Congreso censurando el referendo por el estatuto. O por ejemplo, el gobierno puede proponer un pacto por el IDH a las prefecturas pequeñas de la media luna, a cambio de que ellas dejen de lado o congelen sus estatutos por un largo tiempo. Divide y vencerás. Y luego está el escenario de la calle. No faltarán los halcones del MAS, queriendo reeditar la represión combinada entre sindicatos y militares, contra la oposición. Pero esta vez, no contra Sucre o Cochabamba o Cobija, sino contra el proceso del estatuto y contra el propio acto electoral. Esto sería muy peligroso para la paz social. En general, lo más probable es que en estas batallas de puro poder, se produzca un empate. Tras los encontronazos de fuerzas, nadie gana y nadie pierde un centímetro del terreno ya conquistado.

*Análisis de El Nuevo Día


La temperatura política

En una escala del 1 al 10, donde 1 es una situación polÍtica de alta estabilidad y donde 10 es una situación de alta inestabilidad, ¿cómo califica usted la actual situación en Bolivia? La situación atraviesa por una escala de 6. Considerando que hace una semana, la cosa también estaba en 6.

 
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