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 Revista Escape / Biomundo
Las lombrices sanan males de la tierra
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No sólo producen abono orgánico de calidad, sino que son capaces de reciclar residuos sólidos y descontaminar el ambiente. Estos animales se crían con muy buenos resultados en Bolivia.

Texto: Liliana Carrillo Valenzuela • Fotos: David Guzmán

Siete millones de individuos trabajan sin pausa, día y noche, en la población orureña de Caracollo. “Son incansables y silenciosos; sólo necesitan alimento”, comenta el ingeniero agrónomo Wálter Ocsa, director del Centro Agroecológico Walipini, que significa en aymara “siempre bien”. Y así están esas lombrices, que infatigablemente cumplen su misión de comer, aparearse y producir el abono humus.

Pero la utilidad de estos animales es aún mayor pues, según ha comprobado el doctor Humberto Sáinz Mendoza, “las lombrices pueden usarse para sanear los residuos sólidos”. Es decir, tienen la capacidad de comer basura y convertirla en fertilizante orgánico, contribuyendo al medio ambiente. ¿Mucha cosa para seres de seis centímetros?

Las señoritas norteamericanas

La Eisenia foetida —más conocida como la lombriz roja californiana— llegó a Bolivia hace décadas, exportada desde Estados Unidos, especialmente para su crianza. “Claro que existen especies de lombrices nativas de Bolivia, pero ellas no se alimentan de desechos orgánicos, como las californianas”, explica Sáinz.

Nacionales o extranjeros, estos invertebrados anélidos poseen características que los hacen únicos. “La lombriz es un monstruo —afirma el ingeniero Ocsa—. Es hermafrodita incompleta; o sea que tiene los dos sexos, pero necesita de otra lombriz para cruzarse y, en un intercambio mutuo y alternado de semen, las dos quedan preñadas. Además, posee cinco pares de corazones primarios, cinco hígados y seis riñones. Tiene sensores táctiles en vez de ojos y respira por la piel a falta de pulmones”.

Pero no sólo a su rareza obedece su fama pues, desde tiempos inmemoriales, en todas las culturas las lombrices han sido símbolos de fertilidad. Refiere el doctor Sáinz: “En Egipto eran sagradas, porque su presencia comprobaba que los suelos estaban sanos. En Grecia, el filósofo Aristóteles las comparó con los intestinos de la tierra y Charles Darwin, el padre del evolucionismo, concluyó que todas las lombrices juntas, actuando al unísono, podrían enterrar a una ciudad entera”.

Cosecha en Walipini

Recién graduado como profesional, el ingeniero Wálter Ocsa tuvo una experiencia decisiva en su carrera y en su vida: “Sería el año 1968 cuando empecé a trabajar en Pampa Yakuzana, en Potosí, donde alentamos la producción de papa con el uso de abono químico que traíamos desde Argentina. La zona se hizo famosa como productora de papa; a diario salían 50 camiones llenos con destino a las minas, Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. He vuelto al lugar después de 15 años y he encontrado ese suelo quemado por los químicos... la Pachamama estaba gravemente herida”.

El profesional sabía que era urgente buscar una alternativa y ésta llegó con un animalito poco popular por ser menos guapo. “La lombriz roja californiana excreta el humus, que es un fertilizante orgánico, natural, de alta calidad y la solución para sustituir los abonos químicos en la agricultura”, refiere.

A fines de los 90, Wálter Ocsa fundó el Centro Agroecológico Walipini para la crianza de lombrices y la producción de humus; y de principio recuperó la tecnología desarrollada por el suizo Peter Iseli y él mismo en el Centro de Fomento y Desarrollo Cooperativo Agropecuario (Cefodca). “Necesitábamos crear un hábitat ideal para que las lombrices se reproduzcan y por eso instalamos los walipinis”, relata.

El walipini es un tipo de invernadero subterráneo y, aunque es similar a la carpa solar, tiene más ventajas que ésta: mantiene la temperatura evitando cambios bruscos como las heladas, contrarresta el impacto del viento y recicla el agua de la lluvia. “La tierra tiene vida; estamos hablando de la Pachamama, que es la madre que nos protege, por eso también la cuidamos con los walipinis”, asegura el agrónomo.

Cuatro walipines se levantan a lo largo del terreno del Centro Agroecológico ubicado en Caracollo. En pleno altiplano, el frío arrasa; pero dentro de las carpas subterráneas la temperatura es de no menos de 16 grados. Ello, sumado a una humedad permanente del 60 por ciento, crea un microclima en el que la tierra ofrece generosa todo tipo de productos: lechuga, cebolla, rúcula, maíz y hasta vid de los valles.

A simple vista, en los invernaderos subterráneos no se observa más que largos corredores de lo que aparenta ser tierra negra; pero allí, camufladas y silenciosas, están millones de lombrices. “Las alimentamos con guano de camélidos y ellas engordan y se reproducen rápidamente; cada cuatro meses hay una nueva generación”, explica Ronald Alberto Huanca, egresado de la carrera de Agronomía de la UPEA, que realiza su tesis en el Centro Walipini.

En el ambiente favorable del criadero, las lombrices producen mensualmente 10 quintales de humus. Éste es cosechado, cernido y, tras ser envasado, se vende al por mayor en 3,5 bolivianos el kilo. En las ciudades, su precio oscila entre los siete y diez bolivianos.

“Un kilo de humus de lombriz tiene dos millones de bacterias que son microorganismos que trabajan en el suelo y lo diluyen, fertilizándolo de manera natural y sin elementos químicos que matan la tierra”, recalca Wálter Ocsa.

A las cualidades ya conocidas del humus se suman otras aún insospechadas. Actualmente, Alberto Huanca estudia las propiedades de los lixiviados de humus de lombriz como fertilizante foliar. En cristiano: el tesista de la UPEA busca determinar científicamente cómo los nutrientes de los “jugos” que se extraen del humus podrían usarse para abonar a la planta desde sus hojas.

Las recicladoras de basura

“La lombriz roja californiana que se cría en Bolivia come cualquier materia orgánica que esté en estado de descomposición; por ello es una gran alternativa para reciclar los residuos sólidos”, sostiene Humberto Sáinz Mendoza, doctor en Edafología y Química Agrícola.

Sáinz ha asesorado varios estudios para determinar científicamente la capacidad recicladora de la Eisenia foetida; uno de ellos fue realizado en Tiwanaku por Teófilo Serrano Canaviri para su tesis en Ingeniería Agronómica de la Universidad Católica Boliviana. “Tras haber hecho una evaluación de los procesos de vermicompostaje (crianza de lombrices para la obtención de humus) con los residuos sólidos del municipio de Tiwanaku, concluimos que las lombrices pueden comer materia orgánica, pero lo ideal es mezclar esa basura con estiércol para obtener un humus que tenga buena calidad”, explica Serrano Canaviri.

Pero, ¿qué pasa si el cultivo de lombrices no se toma sólo como un modo de obtener abono sino también como un sistema de saneamiento para eliminar el problema mundial de la basura?

“Hay que considerar que cada lombriz es como un intestino vivo y capaz de procesar cualquier elemento orgánico —responde Humberto Sáinz—. Ellas pueden comer basura e incluso elementos contaminantes (como los lodos de la depuración de aguas o residuos industriales) y, después de procesarlos, los excretarán como elementos inocuos que se podrán usar como abonos para la agricultura o la forestación sin riesgo”.

Las toneladas de basura que se producen diariamente en La Paz han hecho que en pocos años se clausure el relleno sanitario de Mallasa y vertiginosamente se llena el de Alpacoma. “No podemos seguir abriendo huecos y rellenándolos con basura contaminante”, reflexiona el científico y propone: “Hay que aprovechar los dones que nos da la naturaleza, y las lombrices son grandes recicladoras”.

La alternativa de convertir los desechos en fertilizantes implica sin embargo un compromiso mínimo de parte de la ciudadanía. “Se trata de que cada industria, que cada empresa y cada persona aporte separando los residuos orgánicos (que es todo lo que se fermenta o se pudre) de los inorgánicos. Si logramos eso, sólo se necesitará una mínima gestión municipal y las lombrices se encargarán del resto”, afirma Sáinz.

“La Pachamama es una filosofía, no podemos seguir quemando sus entrañas con productos químicos y con basura”, sentencia Wálter Ocsa. Y mientras el ingeniero cosecha el humus del criadero de Walipini, a su alrededor, húmedas y calientes, siete millones de lombrices hacen silenciosas su trabajo.

LOMBRICES

La Eisenia foetida, o lombriz roja californiana, mide de 6 a 8 cm de longitud y tiene un diámetro de 3 mm. Es hermafrodita y se reproduce por huevos. Huye de la luz y de la sequedad del ambiente. Inofensiva para el hombre, para defenderse secreta una sustancia fétida, de ahí su nombre.

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