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Enfermos
Winston Suárez Araúz*
En el año 1992, el papa Juan Pablo II instituyó El Día Mundial de los Enfermos, con el fin de sensibilizar a la Iglesia, a médicos y la sociedad sobre el trato humano que deben recibir todas las personas, quienes sufren enfermedades terminales. Al cumplirse un año más, le correspondió al cardenal Julio Terrazas celebrar una misa en el hospital “Luigi y Vicenzina Gelmini”, de la Comunidad Encuentro, que alberga enfermos crónicos. Por suerte, Santa Cruz cuenta con este centro, y con muchos hombres y mujeres, quienes se brindan a sus semejantes enfermos, dándoles mucho amor y dedicación, trabajando por ellos, en silencio; estos generosos conciudadanos efectúan sus encomiables faenas de caridad, calladitos, sin chistar, ni hacer alharaca.Pero, quizá uno de los más sobresalientes grupos de religiosas, que atienden a enfermos, son las hermanitas de Las Siervas de María; tienen su casa en la calle Bolívar. Fue la madrileña María Soledad Torres Acosta quien, en 1851, fundó el Instituto de estas abnegadas servidoras. Desde su inicio, las religiosas imprimieron un nuevo estilo de vida, ejerciendo la caridad, en servicio de los que sufren, y proveyendo la asistencia a los enfermos. Las normas que las Siervas siguen sobre la oración, el silencio, y la caridad hacia el necesitao, son sagradas y precisas. “Las Ministras de los Enfermos”, se consagran al servicio de Dios y de su Iglesia. Su loable labor la efectúan en las clínicas y hospitales, en dispensarios y ambulatorios, en los centros para enfermos crónicos y convalecientes, y en los domicilios particulares. Todas las hermanitas de las Siervas de María, son portadoras de amor efectivo y sublime, con el cual Dios ama a los hombres. Ellas se acercan, con bondad y dedicación, a los que sufren, sin distinción de clase social, de raza, religión, o enfermedad, y con el único objetivo que dar alivio a las personas que lo requieren. Las religiosas están presentes en todos los continentes, y en América hay 50 casas. En Bolivia, existen seis casas de Las Siervas de María. Nuestro respeto, y reconocimiento a nuestras queridas amigas Sor Carmen y Sor Beatriz, quienes, junto a sus también abnegadas compañeras, han dedicado décadas de sus vidas, atendiendo a incontables enfermos en Santa Cruz, con la mejor medicina: la comprensión y el amor. Pero es lógico, que las Siervas de María NO son las únicas que ayudan en silencio a dolientes, y a los menos favorecidos. Por suerte, en Santa Cruz (¡y en toda Bolivia!) habitan un gran número de hombres y mujeres, religiosas, o laicas, católicas, y de muchas otras denominaciones religiosas, asociaciones de voluntarios y voluntarias, pedagogos, y muchos otros, tanto nacionales, como extranjeras, que también dan de sí todo su amor, y prestan una invalorable asistencia a los más desposeídos y enfermos. La comunidad cruceña recibe incontables aportes de parte de Davosan, de Mujeres de Ayuda Social (M.A.S.), del Costurero del Niño, del Hogar Santa Teresa de los Andes, y de muchísimas otras instituciones de socorro. Todas ellas, con una inagotable fuente de energía, poseen una marcada sensibilidad social. Pero, al margen de los mencionados, la lista de ciudadanos (as) quienes, en forma individual o colectiva, contribuyen generosa y silenciosamente a sus semejantes, es demasiada extensa, para enumerarla. Ninguna de estas instituciones, y/o ciudadanos(as), hace alarde de la fecunda labor que efectúan. Todos, sin exclusión, forman el impresionante gran ejército de los servidores(as) quienes socorren, día a día, a los enfermos. *Ph.D., consultor |