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Pilotos venezolanos al mando de cuatro coches Toyota Land Cruiser 4x4 recorren los 13 países sudamericanos. El grupo automotor devoró 37.000 kilómetros durante 60 días, 11.000 más que su último viaje. Texto: Jorge Quispe • Fotos: Caracas Jeep Club y Nicolás Quinteros De la nada. Un coche apareció en la carretera al sur de Chile como un fantasma. Al mando de su Land Cruiser, el piloto venezolano Enrique Reina Briceño (53 años) sólo vio cómo aquel vehículo pasó a centímetros del suyo para luego caer en una zanja a la derecha del camino. Por un instante, su respiración se detuvo. Enrique frenó unos metros adelante. Bajó del motorizado y corrió para ver cómo estaba el otro automóvil. El daño fue leve y el conductor se encontraba bien. La tranquilidad retornó a su rostro. A lo largo de 37 mil kilómetros por los caminos de Sudamérica, las vivencias son muchas, pero la experiencia de él y los otros tres expedicionarios: Enrique Pinochet Palma (61), Gabriel Zamora Pérez (66) y Enrique Tello Peñafiel (64), del Caracas Jeep Club, de Venezuela es mayor cada año. “Antes hicimos el Amazonandes y la Araucanía en Chile, pero esta es la primera vez por todas las naciones de la región y lo hacemos porque nos gusta manejar”, confiesa Pinochet Palma, un experimentado corredor de automovilismo y que en 1988 corrió en el famoso Rally París-Dakar. En 35 años de vigencia, el grupo de trotamundos ahora recorre los 13 países sudamericanos, incluido Bolivia. 500 kilómetros sobre una balsa La bandera a cuadros se bajó en Caracas. La capital venezolana vio partir el 2 de diciembre del año pasado a una comitiva de nueve personas al mando de cuatro coches 4x4, unas máquinas salidas al mercado mundial en octubre y que están hechas para safaris, caravanas y excursiones largas. A ellos se les instalaron Sistemas Globales de Posición (GPS) y comunicación satelital para toda la travesía. Luego del paso por la Gran Sabana de Venezuela, el camino los llevó por Boa Vista, en el lado brasileño, para ingresar a Georgetown, capital de Guyana, y seguir al sur a Surinam y Guayana Francesa. Sin embargo, no todo fue bueno. Los trámites en la aduana en Guayana Francesa les hicieron perder un día. “Debíamos tomar una barcaza, pero los papeles tardaron en salir y tuvimos que viajar al siguiente día”, cuenta Zamora Pérez. De ahí al río. El Amazonas se abre para unir las poblaciones de Macapa y Belem en territorio brasileño donde se debe navegar 500 kilómetros durante 36 horas. “Comíamos y dormíamos en los barcos. Fue una experiencia increíble, porque nunca lo habíamos hecho”, expone Pinochet Palma. Aunque las embarcaciones se movieron durante todo el trayecto “no nos pasó nada, cruzar el Amazonas de esa manera fue único”, expresa Zamora Pérez, el más veterano de la comitiva. Durante aquel día y medio de viaje, el grupo venezolano fue saludado por poblaciones que viven a orillas del río, mientras el tráfico de navíos crecía. A 112 metros bajo el mar La excursión continuó. Los 4x4 se dirigieron hasta Joao Pessoa para acelerar hasta Ponta Seixas, el punto más oriental de Sudamérica, donde “el sol nace antes”. El primero de los cuatro sitios extremos, que se propuso Caracas Jeep Club. A las visitas a Fortaleza y Recife, siguieron Bahía y la capital Brasilia. La próxima parada: Paraguay, para ver las cataratas del Iguazú, conectar a Ciudad del Este y 14 horas sobre carretera para arribar hasta Montevideo, Uruguay. Este fue el tramo más cansador para los expedicionarios venezolanos. Rodrigo Tello Peñafiel toca su bigote blanco y expone. “Para manejar esa distancia se necesita experiencia y todos la tenemos. El estar al frente del volante siete u ocho horas no es difícil, pero 13 y hasta 14, eso sí prueba tu resistencia”. Dormir cada noche en un hotel diferente se hizo normal para los aventureros, que luego pusieron rumbo a Buenos Aires, Argentina para seguir por la costa atlántica al Estrecho de Magallanes y al segundo punto extremo sur cardinal, llamado Cabo Froward en Chile. En la patagonia argentina, los pilotos llegaron hasta la población Bajos de San Julián y de ahí a Laguna Carbón, donde el Sistema Global de Posición (GPS), marcó 112 metros bajo el nivel del mar. “Estar bajo esa altitud debajo de todo es sorprendente. Corrí, no sentí nada y ni siquiera me agoté”, expone el sexagenario Zamora Pérez. El sitio minero es una zona de relieve inferior y en el mundo sólo existen 34 lugares como él. Semanas después llegaron hasta La Paz, sobre los 3.600 metros sobre el nivel del mar. La pedida de mano Haber dormido en el altiplano boliviano a menos 10 grados centígrados, no es nada para el caraqueño Enrique Reina Briceño, pero él jamás olvidará la incursión 2007-2008. Primero porque estuvieron a punto de chocarle y segundo porque le pidieron la mano de su hija en plena expedición. Al hablar del susto, Enrique frunce el ceño. “Por fracción de segundos no me llevé por delante a ese coche que apareció de la nada en el sur de Chile. El muchacho (el otro chofer) era inexperto. Íbamos a 70 kilómetros (de velocidad), pero él perdió el control y casi nos chocamos. Él quedó a un lado de la carretera. No pasó nada grave”. Su rostro recobra alegría. El dueño de un anticuario en Caracas y Desarrollista Genético y Multiplicador de Semillas, se siente el hombre más feliz. Cuando la caravana estuvo en Foz de Iguazú, Brasil, su hija y su novio les dieron alcance desde Venezuela y con el fondo de las Cataratas del Iguazú, el hasta ese momento pretendiente, le pidió a Enrique Reina Briceño la mano de su hija Alejandra Catalina. “Fue algo inesperado, creo que la majestuosidad de las cataratas los inspiró. Recorrí muchos países, pero jamás pensé que en una expedición pedirían la mano de mi hija”. La pareja se casará en septiembre. Ese instante, los malos ratos se olvidaron; las dos llantas pinchadas y las horas al volante. La última expedición hizo 26 mil kilómetros y ahora se sumaron 11 mil, pero ni eso minó las fuerzas del grupo. Los últimos tramos Tras la estadía en Argentina, los 4x4 se dirigieron a Chile, pasaron por el parque nacional Las Torres del Paine para conectar a la carretera austral ir hasta Arica y luego pasar a Bolivia por Tambo Quemado. Esta fue la tercera vez que la comitiva entró a territorio nacional. Antes estuvieron el 2000 y 2001-2002 por el salar de Uyuni, Potosí, La Paz y Beni, pero este año la visita fue muy breve. Por unas horas, los vehículos estuvieron en la sede de gobierno, donde recibieron apoyo técnico de Toyota y al día siguiente pusieron primera desde Desaguadero para ir a Perú, luego subir a Ecuador y terminar en Colombia el 2 de febrero. Antes de ello, pasaron por Punta Pariñas en Perú, el extremo Oeste y Punta Gallinas en Colombia, el punto extremo Norte. “Son como 60 días de recorrido, estuvimos en 50 hoteles diferentes y siempre amanecíamos en una ciudad distinta”, resume Angélica Tello, de 63 años y que junto a Elizabeth Godoy fueron las únicas dos mujeres en la caravana. Rodrigo Tello Peñafiel volvió a su natal Puerto Ordaz. Guardó el Land Cruiser, pero antes expresa un deseo. “Me gustaría cruzar el salar de Uyuni de palmo a palmo”. Hace cinco años el objetivo de Caracas Jeep Club, era recorrer los 13 países de Sudamérica. EXTREMOS Los cuatro coches 4x4 unieron durante su travesía los 13 países sudamericanos y, además, los cuatro extremos cardinales el extremo oriental: Este en Punta dos Seixas (Brasil) en latitud siete grados, nueve minutos y 28 segundos; el extremo Sur en Cabo Froward (Chile) en latitud 53 grados y 56 minutos; el extremo Oeste en Punta Pariñas (Perú) sobre los 81 grados, 15 minutos y el extremo Norte en Punta Gallinas (Colombia) en los 12 grados, 26 minutos y 46 segundos. Se trató de la tercera expedición fuera de Venezuela que cumplió el equipo de Caracas Jeep Club, fundado el año 1973.
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