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Besos de suegra
Gonzalo Chávez A.*
Todos los informes presidenciales son más aburridos que ascensor sin espejo. Los del pasado y del actual Mandatario. Este discurso además de soporífero fue más largo que beso de suegra en domingo. En materia económica hubo varios coñichis de política económica. Se recalentaron temas como la nacionalización, el Mutún, el Banco de Fomento, y otros mal llamados logros, que en realidad son medios y no metas en sí mismas. El objetivo último de la política pública es el bienestar y felicidad de la gente. Esto se logra con empleos dignos y políticas sociales efectivas. El informe repitió varias veces: misión cumplida. A los gobiernos no se los juzga por sus medidas, sino por resultados. Cumplieron con la aplicación de algunas medidas, falta saber qué impacto tendrán en la sociedad y en la economía. Así que no coloquemos la carreta delante de bueyes.En todo caso, lo que parece un misión imposible es iniciar la revolución productiva, el jacha uru del empleo. En esto, el Gobierno reconoció que no avanzó. El cambio del equipo económico es una tentativa de dar un golpe de timón en esta área. Una opción para reencaminar el cambio productivo podría ser trasladar el Ministerio de la Presidencia a la avenida Mariscal Santa Cruz de la ciudad de La Paz, y llevar los ministerios de Planificación y de Desarrollo al Palacio Quemado. Hay que romper el círculo vicioso sobrepolitizado que rodea al Presidente y crear un círculo virtuoso productivo. Cuentan que el Ministro de Planificación sólo cuando presentó su renuncia estuvo a solas y por dos horas seguidas con el Presidente. Es necesario formar un equipo de trabajo en el Palacio con actores que revaloricen los temas económicos y productivos en la agenda de políticas públicas del país. Sería una señal verdaderamente revolucionaria. Es urgente recuperar el tiempo perdido. A continuación, dos ideas para que el cambio no sea sólo una estrategia de marketing. Primero, promover el uso productivo de las remesas internacionales. La platita que mandan los bolivianos que viven en el exterior, a los parientes que se quedaron llega a un mil millones de dólares. En la actualidad, buena parte de estos recursos se van al gasto familiar. Recanalizar esta marmaja a la inversión productiva sería una gran herramienta para el crecimiento económico del país, ya que generaría nuevas opciones productivas. Esto implica crear incentivos a los remitentes y receptores para que ahorren e inviertan en empresas, fondos de inversión, para creación y fortalecimiento de Pymes, educación, vivienda, salud y otros. Aquí se necesita aprender de la experiencia centroamericana. En México, por ejemplo, se crearon fondos productivos conocidos como tres por uno. Por cada dólar de remesa colocado en un fondo, el gobierno nacional y local aportan con dos dólares adicionales. Los recursos se usan apara apoyo de microempresas locales, becas para estudiantes u obras de infraestructura. Existen decenas de ejemplos como éste en el mundo. Segundo, aprovechando la solución que se dé al tema del IDH, se debería promover un pacto económico y productivo más amplio. Para comenzar, que cada departamento del país elija dos nuevos productos o servicios que desean impulsar tanto en el mercado interno como externo. Con base en estos dos bienes se implementan estrategias público-privadas que combinen acciones regionales y nacionales. Se puede optar por políticas sectoriales y/o industriales. Una base podrían ser las cadenas productivas ya priorizadas en los departamentos. En los casos que amerite, se debería promover la inversión extranjera directa de calidad, así se garantizaría una elección del producto que considere rentabilidad y el uso de tecnología. Se debe abandonar la idea de crear una empresa estatal toda vez que falta un producto. Falta aceite, hagamos una firma gubernamental. Falta pan, que hagan marraquetitas las Fuerzas Armadas. Esto es todo, menos una política industrial. El pacto por la revolución productiva podría ser financiado por varias fuentes. Sería un buen comienzo si se crea un fondo productivo con parte de las reservas internacionales, digamos un mil millones de dólares. La otra mitad equivalente vendría de los recursos de los municipios y prefecturas depositados en el Banco Central, otros 900 millones de verdes. Cada región recibiría de acuerdo a su participación en el fondo. Éste sería una especie de capital semilla. Otra fuente de recursos provendría del sector privado nacional y extranjero. El sector público debería invertir en infraestructura. Pensar en unos 500 millones de dólares al año no parece una cifra enloquecida. Las remesas internacionales también podrían ayudar a este fondo. Para terminar, no es verdad que los besos de suegras sean terribles como informes de Presidente. Son maravillosos. Hoy es domingo y tengo almuerzo donde mi segunda madre. *Gonzalo Chávez es economista. |