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Perder la soga y la cabra
Fernando Luis Arancibia Ulloa*

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Opiniones sobre esta Nota
El inefable Don Quijote de la Mancha, grandísimo personaje de la obra de Miguel Cervantes y Saavedra, solía decirle a Sancho Panza, su leal escudero y servidor: “Si te dan la vaquilla, no te olvides de la soguilla”. Con estas palabras el soñador caballero advertía a su ingenuo compañero acerca de las previsiones que deben tomarse para no perder lo que se consigue con esfuerzo o picardía. Cuando no se toman en cuenta las advertencias sobre un espinudo problema o algo que no se conoce, surge la famosa y risueña queja: “He perdido la soga y la cabra”. En cristiano esto quiere decir que por confiado o soso, lo ha perdido todo. Lo que tenía y lo que quería.

Los mexicanos gustan comparar esta frase con la historia del perro de las dos tortas. En el relato un hambriento perro que llevaba una deliciosa torta en la boca, presto para comérsela, llega hasta un charco de agua clara y observa su imagen reflejada en él. El reflejo del agua le muestra a un semejante con una deliciosa torta en la boca. Entonces, de ambicioso, ignorante, oportunista y otros adjetivos que le pueden endilgar, el perro por tomar la torta reflejada en el charco de agua deja caer en él su propia torta, perdiendo las dos. Las cosas no fueron como parecían y el fiasco no se hizo esperar.

Recién nomás, han salido a la luz los detalles de un pacto de alternabilidad para ocupar el sillón de la Alcaldía, suscrito entre el burgomaestre cruceño actual y el que fuera hasta hace poco presidente del Concejo municipal. El pacto, acordado al principio de la gestión municipal, mencionaba que se iban a turnar el cargo de Alcalde a mitad de la gestión. Cosas de políticos, sin duda. Pero lo cierto el que el pacto resultó fallido y el gran perdedor puede hacer suya la frase: “He perdido la soga y la cabra”. Es decir, que ha perdido no sólo el sillón de la Alcaldía, sino también el del Presidente del Concejo.

La moraleja del refrán “Perder la soga y la cabra” enseña que en todo debemos ser precavidos. Y mucho más si existen intereses de por medio. El “toma y daca” no siempre funciona entre los políticos y al final alguien acaba pagando la cuenta de los platos rotos. En el caso que nos ocupa, ha sido muy instructivo saber “a posteriori” la causa de la excesiva búsqueda de protagonismo de una de las autoridades ediles. En cierto modo, se estaba llevando a efecto una especie de campaña proselitista interna, lo que sin duda afectaba la deseable fluida relación y coordinación entre autoridades.

El que pierde la soga y la cabra puede lamentarse por su falta de previsión o de conocimiento de las cosas en juego. Pero en el caso de la Alcaldía, la pérdida es al final de la ciudadanía, que acude sorprendida al hecho flagrante de una gestión municipal con altibajos, con más sombras que luces. El ciudadano de a pie comprende ahora que muchas veces prevalece el mezquino interés personal por el de la colectividad. Quizás por eso las escuelas se caen solas y las obras se hacen mal, tarde y nunca. Quizás por ello los hospitales tienen más problemas que satisfacciones y los vecinos sienten que sus demandas son postergadas hasta el infinito.

*Fernando Luis Arancibia Ulloa
es periodista, médico pediatra. Magíster en Educación Superior y Salud Pública

 
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