Domingo , Mayo 6 de 2007
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Multinacionales
Winston Suárez Araúz*

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Opiniones sobre esta Nota
Desde el momento que dejé de decir “gu-gu”, y bien acobardao de estar solito, brinqué de mi cunita pa’ saber de este mundo giratorio. Y así que le pedí a mi profe que me enseñe de todo, hasta que me dé sueño. Ella, quién paraba más pintada (y pintuda) que una mascarita, empezó. Me habló de ese fenómeno económico, conocido como la Revolución Industrial que se inicia a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña y después va a Francia, Alemania, Bélgica y Estados Unidos.

En un siglo la industrialización, sus efectos habían alcanzado a todos los rincones del globo. Este hito y la introducción de la agricultura transformaron el mundo. El impacto fue dramático en los países industrializados y éstos importaron materias primas baratas de otros continentes ricos pá alimentar a sus plantas industriales. Así fue que muchas empresas crecieron, y se hicieron ricas. Como es lógico, empezaron a buscar nuevos mercados y abrir sucursales y fábricas en otros países.

En pocas décadas lograron transformarse en grandes transnacionales. Entonces éstos “monstruos” (que de engendros NO tienen nada) empezaron a cubrir el planeta y cuando acordamos, éstos habían crecido en toditos los campos (sólo pá mencionar algunos): en la agricultura, acerías, aviación, automotores, agricultura, bebidas, banca, calzados, cervecería, cigarros, exportaciones, ganadería, importaciones, licores, medicina, minería, naviera, seguros, telecomunicaciones, textiles, veterinaria, whiskies, zapatos; en fin, la inagotable energía y capacidad de sus ejecutivos, y la constante ansiedad por cubrir nuevos mercados, hicieron que las poderosas empresas comerciales e industriales crezcan, crezcan y crezcan, y sigan creciendo. En ese proceso abrieron como dije, nuevas sucursales y fábricas en países donde el mercado así lo demandaba.

Todo muy bien y bien por ellos pero, cómo este mundo es mundo, y si no fuera mundo no lo sería, las miles y miles de empresas e industrias sem dúvida tienen un solo y obvio objetivo: llegar a abastecer y controlar el mercado(s). Todo muy bien de nuevo, pero así como en forma individual toditos tenemos nuestra propia manera de mirar la vida, por supuesto que también las empresas (¡que las forman la gente!). Algunas transnacionales son muy éticas, responsables y respetuosas, ya que gastan millonadas en desarrollo e investigación, antes de lanzar sus manufacturas a sus consumidores y usuarios; otras son un poco menos; otras más o menos; otras nada, y aún existen otras que les importa un carajo que lo que producen (ya sea pá que gente se lo ponga encima, lo use, o se lo coma con mucha sal, poca sal, o sin sal) le haga daño, a uno, a unos pocos, a muchos, o a todo un país, o inclusive a los continentes. De ahí que un día se sabe que la bebida que uno tragaba por turriles había contenido un aditivo(s) que, si no lo mataba de un saque como matar a una mosca, lo iba fregando poquito a poco, hasta mandarlo al país de las calaveras.

Pero, conste que NO sólo ocurre con las bebidas; también en algunos insumos pá la agricultura; en vehículos con sistema de frenos y estabilidad deficientes; en aviones con estabilizadores y timones mal diseñados que causan fatiga de metal, que se rompe, y uno se va a Flandes, etc. En fin, tenemos limitaciones de espacio pa’ seguir; lo que sí nos molesta y preocupa a los que vivimos en estos países pobres y subdesarrollados como Bolivia, es que algunas multinacionales nos usen como basurero pa’ mandarnos lo que NO sirve, sabiendo que, en naciones desarrolladas never se animaron, ya que están prohibidas y les cae la law.

Ya es hora que les pique la conciencia a esas inescrupulosas TRANSNACIONALES.

*Ph.D., consultor

 
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