|
Es camireño y periodista desde hace una década. Ha investigado casos de corrupción y daños al medio ambiente. Acaba de ganar el premio Ortega y Gasset, uno de los más prestigiosos del periodismo iberoamericano, promovido por el diario español El País. Vivió las peripecias que sufre un emigrante que busca el sueño dorado en Buenos Aires. Se infiltró en un taller textil y pudo constatar de primera mano cómo viven los bolivianos sometidos a condiciones inhumanas. “Esclavos made in Bolivia”, la historia de un reportaje. El testimonio de su autor. La migración es un tema que ha perseguido a Roberto Navia desde que era pequeño. Cuando en Camiri se agotó el petróleo, su padre, un carpintero que amaba su tierra, tuvo que irse con la familia a Tarija. No le fue bien y terminó en Bermejo, ciudad fronteriza donde el comercio y la industria azucarera perturban la tranquilidad de los pueblos del Sur. A los 14 años, Navia descubrió que quería ser periodista. Cuando era miembro de un grupo parroquial, los curas le propusieron hacer un programa de radio para hablar de los problemas de los adolescentes, la sexualidad, los estudios y la espiritualidad. Eso fue hasta que Bermejo le quedó chico y decidió irse a Santa Cruz a buscar el cartón de comunicador, porque la mística ya la tenía. Pero tampoco le dio tiempo a la universidad y al segundo año ya era miembro del equipo de un periódico, donde colaboraba para un suplemento universitario. Una vez graduado, le asignaron la sección de economía del periódico “El Deber”, trabajo que no hizo con plena satisfacción pero al que nunca le mezquinó su entrega. “No hay que olvidarse que el trabajo es el que te paga la comida y el alquiler”, dice Navia, quien después tuvo un breve paso como jefe de redacción en el diario provincial “El Norte”. “No dejaba de ser una frustración estar en detrás de un escritorio, mientras la crisis social estallaba en octubre de 2003; “yo quería estar en la calle, eso era demasiado interesante como para perdérselo en una oficina”, cuenta. La gran oportunidad le llegó cuando en El Deber crearon un departamento de investigación periodística. Este equipo hizo varios trabajos, la mayoría sobre medio ambiente, el comercio ilegal de oro y la contaminación de los ríos, pero fue el fenómeno de la migración, la veta que los llevó al éxito. En el 2004, Navia ganó el premio “Lorenzo Nataly” por un reportaje sobre la esclavitud en diversos puntos de Bolivia, un problema que, pese a las evidencias muchos se resisten a reconocer. “Cómo no va a ser esclavo, un niño que se levanta a las cinco de la mañana para trabajar en la cosecha de la castaña, no va a la escuela y que cumple jornadas de 14 horas”. Roberto había recorrido gran parte de Europa reportando las precarias condiciones en las que viven y trabajan los inmigrantes bolivianos (“La maldición de ser Sudaca”), cuando en Buenos Aires una noticia conmocionó al mundo. En marzo de 2006, un taller textil clandestino se incendió y en su interior murieron seis bolivianos que vivían confinados, cumpliendo un régimen denominado “camas calientes”: mientras un confeccionista elabora prendas de vestir durante 12 horas seguidas, otro duerme a su lado, esperando su turno para tomar la máquina de coser. A Navia se le despertó un instinto casi animal por contar las historias que estaban detrás de ese episodio. Le costó trabajo obtener los tres mil dólares que necesitaba para tomar el tren y vivir toda la experiencia de un emigrante que viaja convencido por enganchadores que les prometen el gran sueño y “un sueldazo”. El proyecto se extendió también a Sao Paulo, donde se produce el mismo fenómeno: bolivianos que esclavizan a bolivianos. El reportaje “Esclavos made in Bolivia” se publicó el 22 de julio de 2006. Navia pudo ingresar a los talleres clandestinos y demostrar el sistema de chantaje y amedrentamiento a los que someten a los bolivianos, a quienes les secuestran los documentos y los amenazan con denunciarlos a la policía si escapan de los “talleres-prisión”. Con este reportaje Roberto Navia, coautor de una biografía no autorizada del presidente Evo Morales, acaba de ganar el premio “Ortega y Gasset” al Mejor Trabajo de Investigación promovido por el diario El País de España, galardón que también recibió el escritor y poeta cubano exiliado en España Raúl Rivero. El jurado de esta edición ha estado presidido por el sociólogo francés Alain Touraine, y compuesto por Clara Sánchez, Aitana Sánchez Gijón, Darío Arismendi, Rafael Argullol, y los cuatro directores que ha tenido El País desde su fundación: Javier Moreno, Jesús Ceberio, Joaquín Estefanía y Juan Luis Cebrián. El periodista cruceño, de 31 años, dice que este premio es de gran valor, porque ayudará a darle mayor importancia a los derechos humanos y sobre todo a la situación de los emigrantes. ¿Algo ha cambiado en la atención a los emigrantes después de lo que has publicado? El tema se conoce ahora mucho más. Pero en materia de ejecución, como una política de Estado para solucionar los problemas, no ha cambiado nada. Para el Gobierno, para el anterior e incluso para éste, no existen los emigrantes. El Gobierno es tremendamente inoperante, burócrata e insensible. ¿Por qué crees que fue difícil que aprueben tu proyecto? Para cualquier medio de comunicación boliviano es un gran sacrificio emprender un proyecto de gran magnitud. Muchos han hecho esfuerzos y yo me considero afortunado porque he hecho varios reportajes. Pero también soy consciente de que no me pueden financiar un trabajo así todos los meses. Esta investigación la hice también con la colaboración de la Fundación UNIR. De todas formas el dinero fue escaso. Tuve que alojarme en lugares de mala muerte, comer panchitos y hacer peripecias. ¿Crees que no se investiga más porque no hay recursos económicos o el problema es de recursos humanos? Tenemos muy buenos recursos humanos. He estado en muchos países y a donde voy lo primero que hago es leer los periódicos. Ninguno me sorprende como para decir que son “la leche”. En Bolivia se hacen reportajes muy buenos y no tienen nada que envidiarle a los extranjeros. Los medios deben preocuparse más por el periodismo de profundidad. Los diarios están llenos de noticias superficiales porque no les dan tiempo a los periodistas para el seguimiento. El problema es que se está desperdiciando talento y ganas. Eres un luchador que buscas el cambio ¿Cómo te sientes ahora que se promete cambios profundos en el país? Tengo sentimientos encontrados. Por una parte, han habido señales de cambio o por lo menos intenciones principalmente por parte del presidente Evo Morales. En ese camino va la nacionalización, la Asamblea Constituyente, en la cual no creo mucho; pero creo que hay elementos para dudar todavía. ¿Cómo ves a la prensa frente a este proceso político? El Presidente no valora a los periodistas nacionales. Confía más en los periodistas extranjeros, les da más importancia. Les da entrevistas, mientras que con nosotros se ha negado. Pero a los periodistas no les debe preocupar el hecho de no caerle bien a alguien que está en el poder.
|