Domingo , Febrero 18 de 2007
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 Revista Escape / Historia
Comparsas, eje de la Fiesta Grande
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Siete fueron los grupos que iniciaron esta costumbre en la región oriental. Las mujeres pudieron ingresar sólo en 1936 y la primera reina fue elegida el 37.

Texto: Redacción Fotos: El Nuevo Día

Agitado llegaba el jinete con el correo hasta la plaza principal. Allí, con la solemnidad que le otorgaba el tamboreo, el hombre leía el bando oficial en que se anunciaba la llegada del Carnaval cruceño. Con algarabía respondía el pueblo, aquel que con el paso de los años organizó comparsas que hoy coronan a la reina de la Fiesta Grande de Santa Cruz.

El correo de Carnaval, que llegó un domingo antes de la fiesta, marca hasta hoy la historia de una celebración de carácter universal que en su paso por tierras orientales tomó características muy propias, como es la conformación de las comparsas —grupos de amigos de un mismo estrato social con afinidades como el colegio, el barrio o la profesión—, las que se han convertido en el eje articulador de esta celebración camba.

No siempre existieron. Así lo retrata el escritor Nino Gandarilla en su libro 400 años de carnaval cruceño, donde recurre a diversas fuentes documentales para explicar el proceso de esta celebración.

En el siglo XIX, rondando la década de 1830, grupos de jinetes a caballo se dirigían hasta el río Piraí, pasaban la noche allí al calor de algunas bebidas y regresaban a la ciudad descansados, donde eran recibidos en casa y se ponían a cantar y bailar. En su recorrido, el pueblo los esperaba armado de huevos con tinta y agua.

Así se celebró la fiesta durante todo el siglo XIX, manteniendo casi inalterables sus características. Mientras avanzaba la centuria fueron apareciendo las orquestas de instrumentos de cuerda con pianos que tocaban en los locales más bonitos de la ciudad. Los bailes se celebraban al principio en las casas de las familias grandes e importantes, donde se compartían los momentos de alegría con lo más selecto de la sociedad. Por su lado, la gente del pueblo replicaba estas celebraciones con sus propios elementos distintivos.

A principios del siglo XX, las orquestas empezaron a incluir a los instrumentos de viento. También en ese momento, los años veinte, surgió el ritmo de Carnaval, que según explica Roger Becerra, tiene su origen en la zarabanda española.

Fue la época de oro de los grandes bailes y las mascaradas. Las orquestas daban realce a los ágapes del cine teatro Palace, donde el antifaz y los disfraces de fantasía daban la nota del evento familiar donde el marido iba con la esposa y las hijas ataviadas con elegancia. Valses y otros ritmos internacionales marcaban el compás.

A mediados del siglo XX, el pueblo introdujo el taquirari, cerca de los años cuarenta, aunque las ordenanzas de Carnaval recién los reconocieron y premiaron a mediados de siglo. Posteriormente, a finales de los sesenta, irrumpió la chovena.

El salto de las comparsas

Las comparsas se originan en el siglo XX. Siete fueron las que marcaron la pauta inicial: Los Junkers, Milongueros, Plus Ultra, Ku Klux Klan, Piratas, Doctores y Paileros. Surgieron así las ordenanzas en cuyo texto se las convocaba directamente, con nombre y apellido.

En 1926 se fundó la comparsa los Junkers, que lleva aquel nombre por el primer avión que había llegado a Santa Cruz el año anterior. Los integrantes entonces vestían de overoles y gafas, imitando a los aviadores de la época.

En el recorrido por el corso y las fiestas, el trago obligatorio era el chimplín (una bebida con alcohol y agua), además de cocteles preparados con alcohol requemado y jugos de distintas frutas.

El ingreso de la mujeres debió esperar hasta el año 1936. Al fin las jóvenes podían salir a bailar en el corso del brazo de sus enamorados, pues antes debían conformarse con esperar en sus casas a la invitación de una comparsa.

Para el año 1937, los Milongueros eligieron a su primera reina, bajo sugerencia del poeta Raúl Otero Reiche. Fue así que Soledad Arrien, a sus 16 años, fue coronada como la primera soberana de la Fiesta Grande de los cruceños.

El Carnaval que se transforma

´Para entender el Carnaval cruceño hay que vivirlo´, comenta Gandarilla. Pero quizá un indicio ayude, dando un salto a la década de los años setenta. Hasta ese momento, las comparsas aún usaban disfraces de fantasía y el traje de dominó (capucha con bata). Ya sea por economía, la época militar o la moda, se empezaron a utilizar las casacas y los uniformes. Las comparsas crecían y no bastaba el tener un número de patente en el pecho —licencia para carnavalear— sino que se recurría a un uniforme específico en que las casacas se convirtieron en la forma más cómoda de identificarse.

Poco ha cambiado desde aquellas épocas, a no ser por el crecimiento de esta fiesta. La comparsa sigue siendo un grupo unido por las afinidades que hoy buscan recuperar el legado de las tradiciones de los padres y de la cultura guaraní. Tocar la esencia de la cruceñidad es el objetivo y por ello es el tiempo en que se baila con fuerza la música tradicional.

Actualmente existen 300 comparsas afiliadas a la Asociación Cruceña de Comparsas Carnavaleras (ACCC), explica Rafael Paz, presidente de esta entidad. ´El sábado celebramos el mayor evento con medio millón de personas entre bailarines y asistentes. Participan diversas generaciones en comparsas como los Tauras, los Chivatos, los Picaflor, los Patrones o los Taytas. Están desde jovencitos hasta personas de 70 a 80 años. Nuestro Carnaval no tiene edades.´

Con 28 años, Paz es integrante de los Mamarrachos. ´Soy carnavalero desde niño, entré a los 16 años, pero ya saltaba desde el corso infantil. El Carnaval es la mayor expresión de la cultura de Santa Cruz porque es un momento donde se unen las distintas etnias y costumbres con todo el pueblo´.

La elección del presidente de la Asociación se hace con un voto por comparsa entre las afiliadas. La gestión es de dos años. Entre sus obligaciones está organizar el calendario, coordinar los eventos con la municipalidad y elegir a la comparsa coronadora en una asamblea. Para ser comparsa coronadora —este año, los Pichiroses— existen requisitos como el tener al menos 20 años de antigüedad, 1.000 puntos en la categorización y participaciones destacadas durante anteriores versiones.

Con el cine y la internet, los motivos de los uniformes continúan cambiando al ritmo del brincao, el Carnaval y el ático o arete. Un crisol de culturas e influencias recuerda la última sentencia sobre el Carnaval cruceño: hay que estar ahí para vivirlo y comprenderlo.

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