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Rogar
Winston Suárez Araúz*
La semana pasada escribí una notita sobre este carnaval 2007; hoy domingo, y ya en pleno jaleo, no me queda más alternativa que sentarme, en este primer día de mojazón (¿o será mojasón?) de llenar rapidingo la hojita de papel de mi columnita, antes que algún borrachito me moje la computadora de última generación. (Como siempre ocurre, los que never han escrito una sola línea, y si la hubiesen escrito, never la han podido publicar ¿será porque ni siquiera el papel la aguanta?) dicen que el papel aguanta todo, y cómo en Carnaval el pobre papel, aunque sea mojao aguanta aún más, les envío a mis estimados lectores(as) carnavaleros, o no, mis mas fervientes deseos de que el feriado obligao lo estén pasando recontra bien. (La verdad es que durante el año redondo aparecen miles de oportunidades de escribir sobre temas serios, pero me pregunto: ¿quién, en su sano juicio, o juicio sano, tendrá el ánimo de leer hoy sobre temas solemnes, que hacen dormir hasta a un sumurucucu? Y vuelvo a preguntar, ya con la banda cerquita que no me deja pensar, ¿quién será el machazo que se dará el tiempo pa’ leer los periódicos?). Con estas líneas carnavalescas, las cuáles les ruego a mis lectores(as) le traten de agarrarles su significado carnavalesco (si las tuviesen), empiezo.Y ese asunto del Carnaval, divertido como lo es pa’ muchísima gente en varios países (sem dúvida, lo es en meu Brasil), es también muy peligroso. Clarito está que no se necesita haberse graduado en la Sorbona, ¡pa’ darse cuenta que sí el carnaval es divertido pa’ los que les gusta! Y que ésta fiesta genera muchísima plata pa’ las empresas proveedoras de todo tipo de productos, alimentos, bebidas y alcoholes, servicios. Y que también son incontables las personas en Santa Cruz (como en otras partes donde se celebra el Carnaval) que se rompen el lomo y logran acumular, tanto en la víspera como en los tres días de farándula, sus buenos pesos que les dan pa’ alimentar a sus familias por harto tiempo. (De eso tampoco nao tem dúvida y me alegro mucho que la gente, que batalla duro tras el pan de batalla, lo consiga en abundancia, gracias al jolgorio). Pero, ¿se han fijao que en la vida siempre hay un pero? Pero clarito está que este pero del carnaval, es un PERO, pero, pero de verdad. Y el pero, pero es que, con tanta abundancia de trago, con miles de personas, dejando sus penas a un lao aunque sea por esos tres días locos (o ¿será locos días?), ¿cómo no van a haber excesos? Y los hay de todo tipo, tamaño y color; es decir, hay tantos excesos como promesas de políticos en campaña, y pa’ regalar. Es por eso que, basándome en datos de años anteriores, los carnavales (o ¿será el Carnaval?) en Santa Cruz, cada día se está poniendo de color de hormiga chotota. La Fiesta Grande de los Cruceños, por mala suerte y tristeza, se ha vuelto violenta. Y esa dura realité hace llorar hasta al más macho. Por eso es que debemos rogar, rogar, rogar y rogar al Bueno pa’ que este año NO tengamos que lamentar accidentes, peleas, asesinatos y demás hechos que enlutan a tantos, y que además hace que la gente que años atrás la celebraba, ya no quiera saber de hacerlo, y por esa razón sale rajando ya sea al monte, pampa, laguna, río, loma, cerro con el fin de preservar sus vidas y la de sus seres queridos, y recién regresan a la ciudad cuando ya los músicos de las bandas no soplan, ni siquiera tienen las jüerzas pa’ tocar “Tu ya no soplas”. Por eso es que debemos rogar, rogar y rogar que este año sea un inolvidable Carnaval, lleno de alegría y libre de cosas desagradables. Pa’ que así sea, toditos juntitos, con los ojitos cerraos, y agarraditos de las manitas, pongámonos a rogar y rogar. *Ph.D., consultor |