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Reflexiones sobre el multiculturalismo
Manoucher Shoaie
Nadie puede imponer las pautas culturales a las personas. La libertad cultural es un derecho. Quienes han visto la película comedia “Mi Gran Boda Griega”, entre escenas de humor y en medio de las sutilezas de los dichos y hábitos de los personajes, seguramente descubrieron el choque cultural, en que la hija de una extendida familia griega, bien arraigada en sus tradiciones, debe superar y a la vez apreciar las costumbres familiares abriendo su paso a una nueva vida. La película por medio del humor muestra cuán difícil es cambiar una identidad rígida y abrirse a una nueva cultura. La dificultad consiste en que nuestro apego a todo lo que consideramos nuestra cultura, naturalmente nos exige mantenerlo y sentirnos, acertado o no, amenazados por el temor de perderlo con la presencia o la imposición de otras culturas.Una primera reflexión es ponernos de acuerdo acerca de qué es la cultura, sino como observa Cristina Peri Rossi “el multiculturalismo corre el riesgo de convertirse en una caja de Pandora que todo lo encierra, que todo lo admite, incluso aquello que es una incultura. Lo quiero decir con toda claridad: en nombre del multiculturalismo no se pueden tolerar costumbres que atentan contra los derechos humanos o de los animales, contra la integridad física y psíquica de las personas”. (www.aulaintercultural.org/2007) Viviendo en una sociedad multicultural debemos discernir cuáles son los hábitos y costumbres que no forman parte esencial de nuestra cultura y que su práctica es perjudicial para la sociedad y uno mismo, y cuáles están de acuerdo con el espíritu de la época y las libertades fundamentales del ser humano, porque la cultura, como dice la autora mencionada, “tiende al conocimiento, al progreso, al ejercicio de las facultades intelectuales, nunca al dogma, ni a la imposición, ni a la repetición”. Una segunda reflexión es sobre la libertad cultural. El informe del PNUD, de 2004, enfatiza que “la libertad cultural debe ser adoptada como uno más de los derechos humanos básicos y como un requisito para conseguir el desarrollo de las cada vez más diversas sociedades del Siglo XXI”. Aunque el individuo tiene el derecho a mantener su identidad -lingüística, religiosa y étnica- no debe confundir la libertad cultural, que es la base de la dignidad de cualquier pueblo, con la defensa y elogio de todas las expresiones de su herencia cultural. (Kaveshgar, 2006) Muchas veces las declaraciones y las políticas con respecto al multiculturalismo acentúan el celo cultural dando lugar a dudas y sospechas con respecto a su concepción y ejercicio. Por ejemplo, cuando se considera legítimo y aun se estimula a las instituciones educativas separadas para niños de distintos credos, como se hizo en Irlanda del Norte, los resultados a lo largo contribuyeron inconscientemente a una profunda brecha y guerra entre dos comunidades. Tal vez por esta confusión, hace pocos días, el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, en la Universidad de Georgetown aseguró que el multiculturalismo ‘divide y debilita a las sociedades’, ‘no favorece la tolerancia ni la integración’ y es probablemente el problema ‘más complicado de Europa’ en la actualidad. Aznar subrayó que la ‘regla de oro para un liberal es el respeto a la ley y que todo el mundo sea igual ante ella. En mi opinión es un error pensar que hay leyes diferentes dependiendo del origen étnico y religioso de cada uno. Una cosa es respetar las diferentes creencias y otra que haya leyes distintas’. (Diario de Noticias, 19-01-07) La libertad cultural significa que cuando una persona cree que debe cambiar su manera de vivir, distinta a las pautas culturales de su familia o su pueblo, no seguir ciertas tradiciones y no aceptarlas en forma incondicional, puede y está libre de hacerlo. Si una familia o pueblo impone a sus hijos la cultura propia aislándolos y aislándose de otras culturas, su actitud no coincide con el principio del respeto al multiculturalismo. Como opina Kaveshgar, el multiculturalismo debe preparar el terreno para la libertad cultural y las políticas al respecto no deben ser el motivo de aislamiento y el eventual enfrentamiento. Estas políticas no sólo deben apoyar el multiculturalismo, sino fomentar inteligentemente la libertad cultural y el diálogo, la interacción y la integración genuina de las culturas. El Ministerio de la Herencia Cultural Canadiense podría ser una referencia para este fin en nuestro país. shoaiem@gmail.com |