Domingo , Enero 7 de 2007
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Propósitos
Winston Suárez Araúz*

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Opiniones sobre esta Nota
Un año cualquiera NO son dos días locos, como piensa mucha gente. El matemático calcula, al milímetro, todo lo que dice, hace, respira, come, toma, duerme, y bien sabe que este año durará la friolera de 31.536.000 segundos, 525.600 minutos, 8.760 horas, 365 días, 52 semanas y 12 meses. Y ni mi cumpa Mandrake el mago, recién bañadito, afeitadito, peinadito, perfumadito y vestido de gala, puede cambiar esos guarismos. Además, los terráqueos y terráqueas, toditos los años nuevos, al repicar las doce de la medianoche del treinta y uno, nos ponemos un atadijo de nervios, cerramos los ojos, se nos acelera el zurdo, y nos fijamos metas pa’ el año que recién comienza. Y eso nos ocurre al proponernos hacer algo trascendental en el nuevo año, y darnos el famoso “golpe de timón” (término que los políticos lo han usado tanto, que lo han dejado bien gastadito) al rumbo con el cuál habíamos estado navegando el año pasado.

Por supuesto que proponerse a mejorar el nivel de vida es una justa y natural aspiración que toditos la tenemos. Never debemos olvidar que cada terráqueo y terráquea tiene su propia filosofía de la vida y su evaluación cómo ésta lo está tratando. Pa’ algunos, la permanencia en este globo giratorio es de color rosa, y no necesariamente porque tienen mucho dinero, ya que me aseguran que no existe relación directa, entre la cantidad de dinero de la persona con su felicidad (aunque tampoco nadie niega que muchos ricos pueden -y lo son- muy felices, y tienen todo el derecho de serlo). Pa’ otros, el vivir les es como ir navegando en un río, cuya corriente se los lleva de bajada, sin hacer mayor esfuerzo; es decir, pa’ este grupo, la llegada, el avance y el final de un nuevo día lo aceptan sin cuestionamientos, porque consideran que así tiene que suceder, y no se lo puede cambiar; inclusive éstos son tan apacibles, que el vivir no les causa reacción de ningún tipo. Y por supuesto, que pa’ un buen porcentaje de la población, la vida es de color hormiga; llena de pobreza, amarguras y privaciones. Se entiende que existen categorías intermedias entre los tres grandes grupos mencionados. Pero no importa en que clasificación uno esté ubicado, toditos tenemos esperanzas que el año nuevo nos traiga mejores días.

Lo grave es que muchos y muchas, en esa noche tan especial de la llegada del año, nos fijamos metas, que humanamente son inalcanzables. Es imposible tratar de enumerar cuáles son los propósitos que la gente toma en esa fecha, ya que cada habitante del mundo, obviamente se propone algo distinto. Lo que sí se puede decir es que millones se proponen algunos objetivos comunes: el dejar de fumar, o el trago, o las drogas bravas, bajar de peso, hacer ejercicios; etc. Pero clarito está que los buenos propósitos que cada uno nos hacemos, requieren sacrifico y determinación.

Toditos sabemos que el humano es un ser de costumbres, y que lo que más nos causa temor, es efectuar cambios. Nadie niega que muchos y muchas logren hacer las mejoras que se proponen solitos; pero éstos son la excepción, en lugar de la regla. Lo que es más común es que la persona, que se propone en el año nuevo darse una nueva oportunidad, empieza a toda mecha, pero que, al poquito tiempo, abandona su tarea. Lo que es más preocupante es que las recaídas son, por lo general, catastróficas, y ese auto medicación, y régimen les puede producir más perjuicio que beneficio.

De ahí que los entendidos recomiendan que toda persona que decide en el año nuevo modificar sus hábitos, y/o estado físico, debe consultar al especialista, y es él quién debe dirigir el tratamiento. Esto les evitará serios daños y les permitirá que logren sus Propósitos.

*Ph.D., consultor

 
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