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Amauris Samartino: Una víctima política
Fernando Rojas Silva*
Conocí a Amauris Samartino el año 2001, cuando con un grupo de jóvenes cubanos hacía huelga de hambre frente a la Embajada de los Estados Unidos en la Av. Arce de la ciudad de La Paz. Por aquel entonces yo ejercía las funciones de Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana y junto con la Defensora del Pueblo Ana María Campero y Waldo Albarracín de Derechos Humanos constituimos el grupo de mediadores en tanto conflicto que por aquel entonces sacudía al país.En este caso de los cubanos la Defensora y Derechos Humanos no quisieron intervenir aduciendo que sus instituciones tenían como mandato proteger al individuo de los atropellos del Estado y que esto no era lo que sucedía con los cubanos el 2001. Ese mismo argumento justifica hoy de pleno derecho su actual intervención y apoyamos y felicitamos la acción del Defensor, Don Waldo Albarracín en este caso presente. Amauris Samartino fue traído a Bolivia, junto con muchos otros cubanos, por esos misteriosos convenios entre los gobiernos de Bolivia y EEUU, por los cuales ésta se obliga a acogerlos pero sin darles el estatus de refugiado político. Amauris y sus compañeros estuvieron muchos meses en el campo de prisioneros y refugiados de Guantánamo, el cómo y porqué llegaron allí es otra historia. El hecho es que sin mucha elección de su parte fueron traídos hasta Santa Cruz por la Embajada de EEUU, se les dio una suma de dólares para su supervivencia y un papel que acreditaba que el gobierno boliviano iba a proporcionarles los papeles pertinentes para su permanencia en el país. Pasaron los meses y nada pasó. Se les acabaron los dólares y se trasladaron a la sede del Gobierno a iniciar un peregrinaje sin éxito golpeando puertas de instituciones oficiales y de la Embajada. Movidos por su desesperación tomaron la drástica medida de hacer huelga de hambre, en la acera frente a la Embajada de EEUU, ya que ellos los habían traído hasta Bolivia. Fue entonces que el representante de ACNUR pidió la intervención de los llamados mediadores y recibí el mandato de mi superiores de hacerme cargo del problema. El cónsul americano se negó a recibirnos y sólo por teléfono indicó que su gobierno ya había cumplido con su parte y que era asunto del gobierno boliviano cumplir su compromiso de proporcionarles las visas para su residencia legal. Por su parte el entonces ministro de Gobierno, Guillermo Fortún, tuvo palabras duras y despectivas para estos jóvenes cubanos e inicialmente se negó a colaborar. Entonces se recurrió a hacer conferencias de prensa en el mismo sitio donde realizaban su protesta. Después de un fuerte intercambio a través de los medios de comunicación social (Cf. Periódicos de esos días) con los representantes de la Iglesia Católica, el gobierno del General Banzer instruyó la atención del caso. Se comprometieron a darles residencia de inmigrantes y los muchachos levantaron la huelga recibiendo atención médica en un hospital de la Iglesia Católica. El drama no termina allí para Amauris, las autoridades han sido democráticamente cambiadas pero la actitud sigue igual o peor que antes. Hoy los que proclaman vigencia de todos los Derechos Humanos atropellan todas las leyes y buscan una nueva víctima políticamente distractiva: Amauris Samartino. Es sorprendente escuchar las declaraciones de los funcionarios de Gobierno, y no me refiero a los voceros menores cuya cara de mentirosos ya no nos impresiona, sino a los altos funcionarios como el Vicepresidente que denosta a los opositores del Gobierno con esta trillada y falsa cantaleta que están defendiendo a un enemigo de la patria que ha intervenido en política interna. El señor Samartino intervino pacíficamente en manifestaciones en las que expresó su experiencia de haber sufrido en su patria persecución y total silenciamiento. En cambio el señor García Linera es un promotor, públicamente escuchado, de la violencia y el grupo en el que militó, cometió atropellos numerosos, entre ellos el colocar una bomba en el Templo recién inaugurado de Santa Ana de Cala Cala la Nochebuena, sí la noche de Navidad, el año 1993, atribuyéndose este vil acto contra el esfuerzo religioso de toda una comunidad, como una reivindicación sociopolítica. Eso no cuenta en su historial de odio y resentimiento. Pero quién más sorpresa me causa por sus declaraciones es el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, de quien guardaba una amable memoria por el tiempo en que trabajamos en la pacificación del país elaborando el acta de entendimiento que se plasmaría en un acuerdo social llamado el “Reencuentro”, que de haberse logrado hubiera evitado los dolorosos y trágicos días de octubre el 2003. Yo invité a Juan Ramón a ser parte del grupo de analistas, que con financiamiento del PNUD y bajo la directa supervisión de los obispos católicos elaboraban con gran ilusión este principio de pacto social. Nunca pudimos explicarnos debidamente su fracaso, es probable que sea por causas de la doblez política a la que estábamos acostumbrados y que hoy continúa igual y peor. Me sorprende y desilusiona la falta de ecuanimidad actual de Juan Ramón, mide con una vara a Amauris y con otra al embajador venezolano y las brigadas de alfabetizadores y médicos cubanos y venezolanos que están haciendo labor de proselitismo ideológico. Como nos dice el Evangelio, “cuelan el mosquito y dejan pasar el camello”. He salido del silencio impetrado por las mentiras y atropellos que estamos viviendo, yo conozco la situación tanto de mi patria, porque por ella me he desgastado y sigo haciéndolo, como de Cuba porque allí he vivido y trabajado. Hablo pues con conocimiento de causa impulsado sólo por mi compromiso de cristiano con la verdad, porque si calláramos “hasta las piedras gritarían”, y creo que todavía nos queda un margen de sensatez antes de caer en un estado policial represivo que lleva más de cuatro décadas en Cuba, hermosa tierra y maravillosa gente que merece una vida mejor, la misma que nosotros defendemos. Bajo el amparo de la Virgen Bella, desde cuyo Santuario en Arani se evangelizó el oriente y se consolido la integración con el Occidente, pongo a mi Patria Bolivia, para que ella como Madre de todos, nos libere de más dolor. Pbro. Fernando Rojas Silva C.I. 749349 Cochabamba. Sacerdote Católico |