|
Sin recule
Alcides Parejas Moreno
El martes pasado fui uno de los más de diez mil ciudadanos que asistió a la concentración en la plaza 24 de Septiembre para recibir a la marcha, que se inició en Warnes, para protestar por la ley de tierras que quiere hacer aprobar el Gobierno sin consensuar con los protagonistas; en definitiva para apoyar la democracia. Fue una manifestación muy cruceña: con mucha alegría y más música; esa cosa que no entienden nuestros compatriotas de occidente que son tan enormemente melodramáticos y se regodean en ello. Debo confesar que pasé una tarde muy linda, a pesar del agobiante calor, compartiendo anhelos con miles de personas (urbanos y campesinos, mujeres y hombres, viejos y jóvenes) que pedíamos lo mismo alegremente con la esperanza de que nuestra voces
-la voz del pueblo-pueda ser oída. El clamor era unánime; todos -al ritmo de la música - gritábamos: “autonomía”, “dos tercios, sí; mayoría absoluta, no”, “democracia, sí; totalitarismo, no”.
Pero el piso se me movió después de escuchar el discurso más esperado, el del representante de la CAO; cuando éste terminó pensé (y estoy seguro que unos cuantos miles también) que había sido demasiado tibio ante una multitud cabreada de tanto atropello y con la espada de Damocles sobre la cabeza. El movimiento de piso se convirtió en un cabreo monumental cuando un par de horas más tarde escuché atónito las declaraciones del gobierno. El vocero oficial no sólo descalificó la marcha y la concentración, sino que al mejor estilo de Evo Morales nos enfrenta a los bolivianos, pero ahora con un nuevo ingrediente que cada vez se hace más patente: envidia; sí, envidia ante todas las iniciativas y pedidos de los cruceños. Asimismo, un viceministro, con tremenda pinta de “señor licenciado”, dice muy suelto de cuerpo que la soya que producimos los cruceños es para alimentar a los chanchos europeos! (recordé que una vez un viejo e ignorante campesino andaluz me dijo que el maíz es comida sólo para los animales!); no puedo creer que la autoridad en cuestión sea tan ignorante y más bien pienso que se trata de una torpe y envidiosa agresión. Y para rematarlo, un diputado oficialista, que tiene en sus espaldas acusaciones de corrupción, nos arremete nuevamente con los manoseados mitos que se han creado en torno al cruceño: se trató, dice, de una marcha frívola en la que se exhibieron movilidades de lujo, maquinarias potentes y gamonales al por mayor. También recordé las declaraciones del Ministro de Agricultura -la cuota camba en el gobierno- diciendo que se trataba de una “¡marcha de flojos”! Y finalmente, para rematar mi cabreo, el golpe histriónico y canallesco del vicepresidente de presentarse a una reunión -dizque de concertación- con traje ¡militar de combate!
Dos días más tarde -el jueves en la noche- se realizó la asamblea de la cruceñidad. Debo confesar que la esperé con el sabor a poco que me había dejado la concentración del martes. Sin embargo, a medida que se fueron sucediendo los oradores ese mal sabor fue desapareciendo poco a poco.
Las palabras de Marcial Fabricano y los representantes indígenas me confirmaron que se trata de un movimiento incluyente y que los indígenas del oriente saben lo que quieren y no se sienten representados por la propuesta indigenista del MAS. Fueron muy oportunas las palabras del representante de la Cainco haciendo una defensa combativa de la democracia. En definitiva sentí que el Comité pro Santa Cruz está cumpliendo a cabalidad el rol que le ha deparado la historia y que todas las instituciones afiliadas lo apoyan incondicionalmente.
La semana pasada escribía que ha llegado la hora de dar la cara y poner el pecho. Creo que es eso lo que se ha hecho la noche del jueves en la asamblea de la cruceñidad y que no hay recule, aunque el Gobierno va a decir que la huelga de hambre de los oligarcas cruceños no se puede comparar a una huelga de hambre de mineros o de originarios y en relación a la movilización y la resistencia civil que, como siempre, los cruceños somos sediciosos. Definitivamente, no hay recule. |